Roberto Rombo en Hostal Triskel

Valle del Elqui | El rosario esmeralda

Roberto Rombo en Hostal Triskel

—¿Me puedes decir la hora… y el día? —me preguntó una niña que vendía empanadas de queso de cabra en la plaza principal de Pisco Elqui. Su pregunta representa muy bien la atmósfera atemporal del lugar. ¿Por qué el tiempo no transcurre a un ritmo normal aquí? La respuesta se oculta entre los verdes recovecos que delinean las montañas del Valle del Elqui.

El verdor de un lugar sin tiempo

Todo en el valle crea un ambiente de contención, donde el tiempo parece suspenderse. Sentí una calidez constante, resultado de la presencia permanente del rostro solar y la candidez de los caminantes, que saludaban sin conocer. Sin embargo, creo que la percepción de la temporalidad no cambia solamente por la duración de la luz del Sol o el carácter sereno de sus habitantes.

Girasoles en Pisco Elqui

Muros de adobe, vida vegetal y montes: la esencia del paisaje del valle.

La sensación de lejanía afecta la noción del tiempo. Los pueblos del Valle se articulan a lo largo de los ríos como cuentas esmeralda de un largo rosario, desparramado entre las curvas y alturas de la Tierra recostada. La vida se desenvuelve en las angostas llanuras que definen los montes con una cierta independencia y autonomía natural, tal vez fundada en una sensación de suficiencia y gratitud por los recursos que ofrece el paisaje.

Mientras más me internaba en el valle junto a mi compañero de vida, más percibía la distancia del bullicio, el caos y el movimiento de las grandes ciudades. Este retiro geográfico prepara la mente hacia un retiro de naturaleza sutil. El entorno montañoso, lleno de verdes parches vegetales, invita a observarlo, contemplarlo y a habitarlo, aunque sea por unos días. Se convierte en una oportunidad para detenerse y asentarse. Y, simplemente, estar.

Un respiro en Pisco Elqui

Plaza Pisco Elqui

No se ve nadie en este momento, pero prometo que la plaza de Pisco Elqui es un punto de encuentro.

La organización urbana es otro de los factores que alteran la temporalidad. El estilo colonial de muchas casas, la ausencia de edificios monstruosos, y la importancia de las plazas centrales transportan a épocas de sencillez y templanza de siglos pasados. Las vías de paso son más que canales de tránsito. Son espacios donde hay tiempo para encontrarse con viejos y nuevos amigos, para detenerse a contemplar la integración entre los colores de las construcciones naturales y las humanas, o simplemente para parar un rato y descansar.

La plaza de Pisco Elqui es uno de estos espacios de reunión. Es terminal de la mayoría de los transportes, zona de paso y refrigerio, escenario y vitrina de artistas y punto de encuentro. La fuente central y la iglesia del fondo definen un sector de calma y paz, donde quienes viajan pueden tomar un respiro, literalmente.

Nos alojamos en Hostal Triskel, una hostal que queda a tres cuadras de la plaza. Aparte de ser un lugar cuidado y acogedor, tiene un enorme jardín, con mesas, sillas, sillones y hamacas. Sin dudarlo mucho, apenas pude me tendí a descansar entre las higueras, supervisado por uno de los gatos guardianes de la casa. Lo que más me sorprendió es que, en general, no hubo ruidos molestos en ningún momento. Me pude lanzar a leer algunos libros pendientes en este mullido ambiente de verde paz.

Roberto Rombo con un gato

Agradezco la supervisión continua de este suave guardián.

Alcohuaz: visión estelar

Visitamos Alcohuaz, el último pueblo del mapa, solamente por algunas horas y en plena madrugada. La región es un campo fecundo para los observatorios astronómicos, y queríamos conocer uno que estaba emplazado en esta localidad en particular, en las entrañas más profundas del valle.

La experiencia aquí fue, contradictoriamente, esclarecedora: en plena oscuridad aprendí a ver más que con el brillo de las luces artificiales. Creo que los tesoros más valiosos normalmente están sumergidos en las sombras. Descubrimos este y otros secretos del espacio entre las estrellas y por qué las condiciones particulares de ese lugar son ideales para la contemplación de los astros.

Cochiguaz: rito de purificación

El fin de la travesía

Esta apartada localidad tiene fama de ser un lugar de avistamientos extraterrestres, de poseer propiedades geográficas místicas, y encantar a sus visitantes. Mis expectativas eran altas, y mi curiosidad estaba despierta. Lo que terminé viviendo fue mucho más profundo que una abducción.

Conocer Cochiguaz fue una travesía por sí sola. La dificultad para llegar y el desafiante camino hacia el monumento espiritual más famoso de la zona convirtieron esta etapa del viaje en una experiencia de carácter ritual y contemplativo.

El Monte Grande de Gabriela

Mausoleo de Gabriela Mistral

«Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo» — Gabriela Mistral, inscripción en su mausoleo

Después de estar un rato en Monte Grande pude sentir en carne propia la visceralidad y melancolía de los escritos de nuestra famosa poetisa Gabriela Mistral. Visitamos dos lugares significativos de su historia personal: el Museo de Sitio Casa-Escuela, que acogió la infancia de Gabriela y funcionó al mismo tiempo como centro de enseñanza, y el mausoleo donde descansan sus restos.

El museo mantiene en exposición la sala de clases, su dormitorio de niñez y el patio de recreo, con muebles y objetos de su vida cotidiana, como los pupitres de los niños y la cama de Gabriela. Además, en la sala de clases se mantienen en exhibición una serie de registros y documentos cruciales para reconstruir la historia de la poetisa. Manuscritos con borradores de sus poemas más conocidos escritos con su propia letra, fotografías de su primera comunión en blanco y negro y las cláusulas sobre los niños de Monte Grande en su testamento revelan su personalidad, y traen al presente sus motivaciones y anhelos.

Es interesante cómo estos lugares que marcan etapas contradictorias de su vida reflejan cualidades similares del imaginario de la escritora: nostalgia, modestia, austeridad, aridez y esperanza se respiran en el aire y de alguna manera, manifiestan la presencia de su espíritu.

Espacio para contemplar

Creo que la geografía, la arquitectura, y la vida del Valle del Elqui invitan a experimentar la contemplación de manera natural. El entorno se convierte en un reflejo del espacio que buscamos entre los pensamientos al meditar. Podemos encontrar ese espacio entre los árboles, entre los surcos definidos por las montañas, entre las estrellas. La relación que pude establecer con el Sol, con las estrellas y con los montes me permitió crear un vínculo con territorios que han soportado imperios, invasiones y conquistas, y que, hasta hoy, siguen cobijando los secretos y la magia de la tierra.

Roberto Rombo leyendo un libro de

Las cosas importantes de la vida


Hostal Triskel: http://www.hostaltriskel.cl/

Cielo estrellado

Valle del Elqui | El espacio entre las estrellas

Cielo estrellado

La observación del cielo nocturno es más que una anécdota para contar en fiestas. ¿Qué pueden encerrar las estrellas en el aparente vacío que definen? El hecho de detenerse a mirar la noche permite abrirse al abismo celeste y desentrañar los vínculos entre el macrocosmos y el microcosmos.

En Alcohuaz, el último pueblo que aparecía en mi mapa, viví una de las experiencias más sublimes de mi último viaje al Valle del Elqui. Visitamos el Observatorio Nómade, donde conocimos a los mejores anfitriones astronómicos, Anita y Jorge. Después de recibirnos con una fogata, nos hicieron pasar a sentarnos en unas sillas reclinadas. Nos entregaron frazadas, un queque de zanahoria y un té chai para preparar la exposición sideral.

Una pizarra colosal

Armada de un láser verde, Anita comenzó a guiar la contemplación del cielo a ojo desnudo. Dibujaba con seguridad líneas, zonas y constelaciones sobre la bóveda celeste como quien da trazos con tiza sobre una pizarra, mientras explicaba con claridad y una gracia envidiable los principales componentes del mapa estelar.

Observación astronómica en el Observatorio Nómade

El láser de Anita no es metafórico, es tan real y poderoso como su discurso.

Desde mi hogar, en Santiago, puedo ver aproximadamente 10 estrellas, cuando no hay mucha contaminación. En lugares más alejados de las grandes ciudades, he logrado distinguir más objetos celestes y algunas constelaciones conocidas. Sin embargo, en el observatorio la experiencia es apabullante.

Pude percibir a simple vista miles y miles de astros en un cielo completamente despejado, algunos titilando y otros asomándose de manera fugaz, en diferentes tonos de amarillo, rojo, azul y otros colores cósmicos. Uno de los brazos de la Vía Láctea se despliega a través de la cúpula celestial en todo su esplendor, salpicando estrellas por doquier. Además, comprobé uno de los comentarios de los guías: el espacio entre las estrellas es denso, y siempre se pueden encontrar astros en esos intervalos.

Perspectiva cósmica

Por su parte, Jorge condujo la observación a través del telescopio profesional. Mediante el instrumento pude observar formas, colores, luces y oscuridades de los principales cuerpos celestes de constelaciones como Orión y Centauro. La precisión de sus explicaciones y su carácter apacible me permitieron aprender sobre complejos conceptos astronómicos sin dejar de disfrutar el proceso.

Confirmé también mis sospechas sobre la iconografía de las fases lunares en el hemisferio sur…

Combinando ambos tipos de observación, comprobé cómo el punto de vista influye en la percepción. Alfa Centauri, por ejemplo, una de las estrellas más brillantes, es en realidad un sistema de tres estrellas que se mueven en armonía. Confirmé también mis sospechas sobre la iconografía de las fases lunares en el hemisferio sur: la Luna creciente aparece como una «C» mientras que la Luna menguante se muestra como la curva de una «D», a la inversa de la simbología tradicional del hemisferio norte. Aprendí además cómo los pueblos precolombinos identificaban seres mitológicos y animales en los espacios interestelares: las estrellas no solo definen líneas, sino también zonas «vacías» a la vista, llenas de significado para nuestros ancestros.

Ciencia y tradición

El observatorio reúne condiciones únicas para la contemplación astronómica: está ubicado en altura, el aire no tiene la polución típica de las ciudades, el carácter seco del clima permite cielos despejados la mayor parte del año y la contaminación lumínica es prácticamente inexistente. Además, Jorge y Anita están dispuestos a responder todas las preguntas, entregan los conocimientos de forma amena y entretenida, y logran integrar la exactitud de la ciencia astronómica moderna con el ancestral arte de la contemplación sideral.

La experiencia combina la entrega de conocimiento con la sutileza de la observación astronómica. En todo momento me sentí extasiado por el espectáculo natural y silvestre de nuestro cielo nocturno, y al mismo tiempo, las explicaciones despertaron en mí interrogantes sobre los puntos de vista: ¿qué información nueva surge cuando cambio mi perspectiva?.


Agradezco al equipo de Observatorio Nómade que me permitió usar sus fotos, ya que yo decidí no hacer registro para sumergirme completamente en la experiencia.

Observatorio Nómade: https://www.facebook.com/nomadeelqui/